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Los libros en la “era digital”

william_ Por: Wuillian Mundaraín

Cierto es que vivimos momentos de avances significativos en el campo de la ciencia y la técnica y que el mundo de las telecomunicaciones ha dado un salto sin precedentes en la historia de la humanidad. El uso de las nuevas tecnologías de pronto pasó de ser patrimonio de estratos socioeconómicos exclusivos a su masificación insertada en diferentes estamentos sociales. El devenir y uso exponencial de la internet y sus derivados conocidos como “redes sociales”, tales son los casos de Facebook, Twitter, Youtube, Tuenti y Google plus, son de uso frecuente en los asuntos personales, profesionales y políticos. La cuenta del presidente Hugo Chávez, @chavezcandanga, por ejemplo, ya superó los tres millones de seguidores.

Las transacciones electrónicas dominan actualmente el comercio mundial. El mercado accionario y otros negocios se valen de esta modalidad. Asímismo, cada vez es más recurrente el trámite ante los entes públicos y privados a través de la internet y cada día se multiplican las personas naturales y jurídicas que hacen de la red su principal instrumento de trabajo, como claramente lo afirmó Bill Gates, hace poco más de una década: “Por sí sólo el empleo del correo electrónico promueve la cooperación entre organismos y facilita la asunción de responsabilidades por parte del funcionariado”. El internacionalista Franklin Guzmán, refiriéndose al giro que en los últimos tiempos ha dado el mundo capitalista para hacer más expedito el proceso de explotación planetaria, no dudó en calificarlo con el neologismo de “Infocapitalismo”.

Ya las clases magistrales de nuestros profesores apoyadas en tiza y pizarrón avanzan sin detenerse hacia otras particularidades y con instrumentos de trabajo más avanzados. La interactividad entre maestros y estudiantes se nutre  significativamente del trabajo on line. La Revolución Bolivariana se ha empeñado en incorporar a centenares de miles de estudiantes al uso y disfrute de las nuevas tecnologías de la comunicación; por ello nuestro Gobierno ha distribuido para los años 2009-2012; 1.700.000 computadoras Canaima, de allí que el uso de ese instrumental educativo es parte del paisaje escolar.

Este y muchos otros logros nos permiten afirmar que asistimos a un cada vez mayor proceso inclusivo mediante la masificación y democratización de la educación en Venezuela, echando mano de las tecnologías de la información y la comunicación, como meridianamente lo describen los politólogos Marcos Santiago y Silvia García al referirse a las iniciativas del Gobierno Revolucionario en cuanto a esta materia se refiere: “Entre estos programas se encuentran el establecimiento de infocentros; la alfabetización tecnológica; la difusión y la formación sobre Software Libre; y la creación de Mesas Técnicas de Telecomunicaciones, Informática y Servicios Postales...”

La Organización de Estados Americanos (OEA), foro al que Venezuela ha hecho profundos cuestionamientos por su obstinada obediencia al poder imperial del norte y por sus actuaciones predispuestas y de ataques políticos a naciones soberanas de la región, lo que ha originado la demanda por parte de nuestro Gobierno de su necesaria refundación, ha tenido determinadas iniciativas que bien pudiéramos calificar de estimables. Tal es el caso de Virtual Educa, la cual es  “...una iniciativa multilateral para la realización de proyectos innovadores en los ámbitos de la educación y la formación profesional para el desarrollo humano.”, como bien podemos leer en su portal electrónico.

Igualmente, podemos dar fe de que tal es el caso de muchas universidades del mundo que han incorporado la llamada Educación a Distancia en sus planes y programas de estudio. Tele y videoconferencias, emisoras digitales, clases preestablecidas y tutorías por internet, han permitido expandir los procesos educativos a escala mundial. De modo que dichos procesos educativos, en particular, y el libro impreso propiamente dicho, por igual, han sufrido una interesante metamorfosis que ha redimensionado y racionalizado métodos y recursos para el aprendizaje. Así lo demuestra Juan Carlos Asinsten en su obra Producción de contenidos para educación virtual. Observemos: “Al no estar presente el profesor para ‘aclarar’ conceptos, proponer ejemplos o metáforas, el texto necesita ser comprensible por sí mismo…”

Esta experiencia de la educación a distancia con base a las nuevas tecnologías ha dinamizado, masificado y acercado a una gigantesca oleada de conglomerados humanos. Se han desarrollado nuevos esquemas para la impartición de múltiples disciplinas. En esta modalidad la figura tradicional del maestro o profesor ha experimentado un cambio notable: “El rol de profesor se desdobla: por un lado el que transmite información, el que da clase, pero ahora mediada por tecnologías (tecnología del libro, del video, del cassette de audio...) Es el que llamamos docente-contenidista. Por otro lado, el que ayuda a los estudiantes a superar las dificultades del aprendizaje (y la soledad del aprendizaje): el docente-tutor.”

El escritor venezolano Luis Britto García comparaba a su voluminosa biblioteca donde “ya no cabe un libro más” con su útil y práctico pendrive de 2 gigabytes. Decía que todos sus libros podrían caber perfectamente, en formato digital, en ese pequeño apéndice de trabajo. Ya es de uso corriente equipos diseñados para leer en los libros digitales: se trata de las kindles y tabletas.

Eso es totalmente cierto y lo más seguro es que con el paso de los años, el mejoramiento y perfección de estas nuevas formas de enseñanza nos alcancen y envuelvan abrumadoramente, por lo que debemos acostumbrarnos a su uso corriente. Pero, a nuestra manera de ver, nada podrá sustituir en su totalidad la presencia del libro impreso: Bajarlo del anaquel, tomarlo, ojearlo, avanzar en la lectura, devolvernos, colocar entre sus páginas un marca libros que nos recuerde y facilite la ubicación de una línea, párrafo o página de interés, es  extraordinariamente maravilloso. El libro impreso nos interroga, nos seduce, nos obliga y se convierte en la fiel compañía de cabecera en noches insomnes, en el confidente y comprensivo compañero de viaje, en el noble amigo para hacer bueno y útil el tiempo que pudo irse infelizmente en la cola, la consulta médica, la cárcel o el hospital. En fin, el libro impreso siempre estará ahí, a la vista, presto a ofrecernos la fórmula física o matemática, la poesía, la novela, la geografía, la política y todas esas ciencias y disciplinas que tuvieron su génesis en la creación de los grandes filósofos y prolijos pensadores y creadores de la humanidad.

Pero toda ruptura de paradigmas, hábitos o costumbres debe ir acompañada de la suficiente actitud y aptitud para poder hacer provechosos los nuevos desafíos. La sola voluntad no basta. El acceso al universo de información que pasa por la red  debe ir acompañada, cuando menos, de la formación básica que permita al usuario saber diferenciar entre la información valiosa y los burdos costales de mercadería barata. El reto debe ser alcanzar niveles óptimos de inclusión y participación social mediante la apropiación de esos valiosos instrumentos, porque el objetivo supremo siempre tendrá que ser la búsqueda del bienestar colectivo y la ampliación de los espacios para la participación popular. Por tanto, más  democracia y la sociedad socialista como fin estratégico.

(*)Jefe de la Sala Situacional del GPV

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